La maternidad y la ira

La ira es una emoción intensa que puede surgir cuando una persona interpreta que está en peligro o siendo atacada, o bien vive una situación de frustración al ver que no se cumplen las expectativas u objetivos que tenía puestos en algo o alguien. 

Ahora tomemos esta emoción y asociémosla al recorrido que comenzamos a hacer desde que soy madre por vez primera. Son muchas las mujeres que se preguntan por qué se desata la ira especialmente en la maternidad. Partimos de esta base: cuando doy a luz y comienzo a ser madre, se abre un camino con tanta luz como sombra. ¿La maternidad puede ser maravillosa? Sí. ¿Puede sacar lo mejor de mí? Sí. ¿Me puede brindar verdaderos momentos de amor, asombro y felicidad? También.
Pero en este artículo voy a reflexionar sobre una parte de la sombra que emerge también en esta andadura, de la cual ya esbocé apuntes en los artículos dedicados al puerperio.

Antes de ser madres, teníamos un mundo más o menos estructurado, con unas seguridades y unas rutinas. Cuando el bebé pasa a formar parte real de nuestra vida, nos hace sentir que todo se ha revolucionado, parte de aquellas seguridades con las que contábamos anteriormente desaparecen, nos sentimos vulnerables y nuestra vida comienza a navegar en la inestabilidad. Se activa una alerta, de fondo planea una sensación de peligro.

En el confinamiento: el poder de la inocencia

Aún recuerdo la inocencia de cuando era niña. Si vuelvo a ella, de su mano pasan a través de  mí sensaciones como la ternura, la curiosidad, la capacidad de asombro o el júbilo. Pero la sensación que más me toca ahora si regreso a ese estado es la de la confianza.

Un día se me partió un lápiz, y le pedí a Dios con todo mi corazón que lo arreglara. El lápiz no se fusionó milagrosamente, pero esa misma tarde llegó a mis manos otro lápiz. Puedo verme con claridad a mí misma de pequeña, con los ojos hacia el cielo y los dedos cruzados. Decidme si eso no es tener fe. Me hace sonreír y preguntarme por qué tantas veces ahora, después de tantos años, no actúo con esa confianza ante los devenires de la vida. ¿Se evaporó la inocencia?

Fue reemplazada por el pragmatismo, la "cruda realidad", el uso del cinismo... había que sobrevivir. Convivieron muchos años conmigo. Se empeñaron en desterrar a esa inocencia, a esa ternura, a aquella confianza casi absoluta. Lo intentaron. No han podido. La inocencia es una cualidad que nace del corazón, y el lugar donde anida el alma es inmortal.

¿Podrá este virus llevarse nuestra inocencia? ¿Podrán los medios de comunicación masiva, los poderes oscuros devastar la confianza en el ser humano, en su capacidad para elevarse por encima de la negritud? ¿Podrá el miedo hundir la creatividad, el ingenio de reinventar nuevas formas de trabajo, de sostenimiento, de cooperación entre los hombres?

No es posible quebrantar nuestra inocencia. No es posible desterrar la confianza ni la fe en la bella Luz que somos. No es posible horadar la creatividad ni aniquilar la divina voluntad que mueve montañas y transforma paradigmas.

Lo consiguieron porque se creyeron capaces de hacerlo. Porque nadie les dijo que era imposible.

Lo conseguiremos. Si confiamos en nuestros dones más bellos, los que proceden del alma, los que nunca nos pudieron arrancar: la ternura, la curiosidad, la capacidad de asombro, la alegría, el sabernos amados y por tanto protegidos... esto es la confianza. Esto es la fe.

Nuestro niño más puro la tuvo. Y nosotros también la tenemos. Abre los brazos y deja que se derrita dulcemente desde tu corazón hacia fuera. Déjate habitar por ese niño. No lo subestimes. Su conexión con lo divino es un hecho. Y después, abre bien los ojos, y deja paso al asombro.

Unidad


Unidad es la comunión perfecta entre vuestro interior, el Corazón y vuestro exterior, el Mundo…
entre el vosotros ordinario y el vosotros divino. No es una búsqueda que os lleve hasta estrellas lejanas, sino una mirada hacia la intimidad de vuestra misma casa: dentro de vuestro cuerpo material donde late la chispa que os dio la vida. Al fin y al cabo se trata, más que nada… de recordar.

Recordar quiénes sois. Desprenderos de los aspectos de vosotros mismos que os lo impiden. Hacedlo como cuando sacáis las hojas muertas de vuestro jardín, para dejar que respire la hierba que ya se estremece bajo el aliento de la primavera que llega.

Cuando os abrís a vuestro sentir y abandonáis las elucubraciones de vuestros pensamientos ordinarios, vosotros y el otro, vosotros y el mundo sois uno: una unidad viva y pulsante, en comunión con todos los seres, hermanos y hermanas los unos de los otros. En este sentimiento el sentido del yo ordinario que os frena y os separa de vosotros mismos queda superado, y vuestra alma se dilata hasta abrazar todas las cosas y las criaturas, que a su vez la abrazan. Cada vez que dudáis os alejáis de ella, sintiendo así sufrimiento, presas de una separación que nunca se ha producido fuera de vuestra mente.

Vosotros que habéis salido del Corazón mismo de Dios y que estáis hechos de su sustancia de Amor, ¿cómo podéis seguir dudando? ¿Cómo puede Dios separarse de sí mismo? ¿Acaso pueden los dedos de vuestras manos sentirse separados de los brazos y del resto del cuerpo? La chispa en vuestro corazón es como la forma de un ciprés, parecida a una llama que sube hacia el cielo, cuyas hojas no caen ni amarillean. Una chispa que solo espera que la avivéis para liberar la llama de vuestra Luz interior, hacia un Cielo que es vuestro mismo Espíritu.

Tiziana Mattera. Los espíritus de los árboles sanadores.

Adviento


Voz interior, alma mía, corazón ardiente
que en lo recóndito de la noche
iluminas tenue este momento
y lo cubres de calidez y de fe.
Ven, ven ahora...

Tu voz no grita, pero acalla los temores
que se empeñan en regresar.
Tu voz no ordena, pero detiene las dudas
que la mente bombea incansable.
Tu voz no me acelera, pero excita mi interior dulcemente,
trae la ilusión, la posibilidad infinita,
el juego, la esperanza y la alegría.

Si escucho tu voz, alma mía, 
en esta noche estrellada,
tal vez pueda unirla a los anhelos de los corazones
que me acompañan y a los que acompaño.
Tal vez nuestras almas hermosas se encuentren 
en algún lugar del sueño
y sigan tejiendo con hilos de colores 
hechos de risas, de llantos,
con hebras de valentía pura
que se lleven lejos los temores 
y barran muros y armaduras.

Voz interior, alma mía, corazón ardiente 
que en lo recóndito de la noche
iluminas tenue este momento y lo cubres de calidez y de fe.
Ven, ven ahora...

Y que al despertar mañana, 
sea ese corazón el que despierte, 
sea esa Voz el impulso que mueva el primer pensamiento, la primera obra.

Ahora suave, queda... pósate en calma mientras duermo y el descanso llega.

Emancipación conyugal


Cuando una pareja se "separa", independiente de cuál haya sido la forma y la situación en la que esa separación se efectuó, en la esfera espiritual se observa siempre la misma imagen y lectura: en realidad no es una "separación", sino una emancipación.

En la conciencia diurna o vigilia, esas dos personas no saben que inconscientemente han decidido en el mundo espiritual emprender un camino independiente del otro para que cada uno pueda desarrollar lo que juntos ya no sería posible. Esencialmente se trata de una renuncia del ideal materialista, esto es, la obligación de continuar juntos, estancados por reglamento cultural cuando en verdad y en realidad la relación ya no es el espacio fértil apropiado para el desarrollo personal. La relación ofreció, en su unión original, todo el fruto posible, y debe morir ahora para que, en cada uno, pueda nacer algo nuevo en aras del futuro: "Me emancipo de ti para que puedas continuar tú evolución como persona ya que juntos no será posible".

Si fuéramos conscientes de este hecho espiritual, las "separaciones" tendrían un carácter más civilizado, cordial y respetuoso; desaparecerían los reproches, las culpas. Y la ira que muchas veces inunda la relación social, contaminándola, estaría apagada, dando paso a la cordialidad, el respeto y el deseo de que el otro pueda seguir creciendo en su nueva experiencia de vida. No nos es posible separarnos de aquello a lo que hemos estado unidos por amor. Ese vínculo será para siempre. Cuando los caminos individuales se divergen o separan, se emancipan para una nueva vida. Una emancipación conyugal es un verdadero acto de amor en sí mismo, una renuncia por el bien del destino propio y del otro.

(Scarlett Pérez)

La que fui y la que soy

¿Qué puedo decir? La vida se teje con lo que cada uno va teniendo a mano, y con lo que cada uno se atreve a alcanzar yendo un poco más allá. La vida transcurre, y hunde sus raíces en pasados remotos: en el recorrido cósmico que hiciste antes de encarnar en la Tierra, en cómo fue tu aterrizaje cuando llegaste por vez primera a este planeta hace cientos o miles de años, qué viniste a aprender vida tras vida hasta dar con ésta en la que te encuentras.

La vida en la que te encuentras inmerso procede de una sucesión familiar que ha tallado distintos perfiles en ti, procede de experiencias relacionales a lo largo de mucho, mucho tiempo, que no eran más que aprendizajes  que elegiste vivir de antemano, procede del carácter que se forjó en base a todo ello, de las decisiones que fuiste tomando en cada momento. La vida que vives cada día te invita a asomarte desde un poco más de altura, para poder contemplar todo lo que te sucede, piensas y sientes desde la perspectiva del conjunto.  Cada vez que llegas a este mirador sientes que no hay culpables, el drama pierde fuerza, cada uno hizo lo que pudo, cada persona, a menudo sin saberlo, vino para mostrarte algo y para que pudieras comprender el juego de este mundo.

Cuando era pequeña sentí rechazo, injusticia y abandono. Recuerdo también algunos de mis miedos más profundos. Mis protecciones más patentes fueron mostrarme razonablemente débil, utilizar el victimismo y la queja como aliados, y dejar que las personas de alrededor cuidaran de mí.

Estás donde tienes que estar

Si deseas que todo vaya bien, despreocúpate y confía.

Estás ahora mismo en el mejor sitio en el que puedes estar, en las mejores condiciones en las que puedes estar.

Ahora es ahora. Vive. Primero paciencia. Luego valentía. Y todo se irá dando.

Ríe si tienes oportunidad, llora si lo necesitas, pide ayuda si sientes que no puedes solo. Pero sabe que la Fuerza que todo lo impulsa y todo lo mueve está en ti, la palanca que destruye para construir de nuevo está en ti, la verdad que tu corazón lleva impresa nunca se borró.

Trae la belleza y la armonía a tu pensamiento, a tu sentir, a tus actos. No dejes que el pesimismo se instale, sé fuerte.


Todo es una danza
caótica y perfecta.
El sonido y el silencio,
lo que emerge y se sumerge,
el éxtasis y el dolor en movimiento,
el valle y la cumbre igual de sublimes
y un hilo invisible que todo lo une
misteriosamente.

Si entenderlo intentas, no puedes.
Si cogerlo quieres, lo pierdes.

Es la dulce entrega, la rendición
al sabernos parte de Todo.
El sentirnos atravesados
por el hálito que inunda el Universo entero
y no encuentra
límites en su camino.
La alegría profunda y el desapego.
La fuente eterna de donde venimos,
de Vida que nos traspasa
y nos lleva inexorablemente
de regreso a nuestra Morada.