UNA DE LÍMITES

Hablar de padres, de hijos y de límites no es hablar de cualquier cosa... es hablar de El Tema. El Temazo, diría yo. Hace tiempo encontré un artículo al respecto de Casilda Rodrigáñez. Me pareció que ofrecía claves muy interesantes para ayudarnos a los padres a reconsiderar ciertos aspectos cuando tratamos de poner límites a nuestros hijos. Una dosis de consciencia, vaya. Como el artículo es bastante extenso, os dejo el enlace a su página por si queréis leerlo entero. Por ahora recojo extractos del mismo, pero espero editar pronto una entrada donde redondear la idea de esta autora o añadir alguna pincelada de mi propia cosecha. Mientras tanto, pasen y lean:

¡¡¡Felicidades Papá!!!


Bendito es el hombre que oye muchas voces tiernas llamándolo padre.
Lydia M. Child
 
 
 
 

Calcetines

¿¿Alguien sabe a ciencia cierta a dónde van a parar los calcetines impares perdidos de los niños??
Es una cuestión que me trae de cabeza, en serio... Se pierden, y luego nunca jamás aparecen. Y el calcetín par se queda ahí, solito, sin saber muy bien qué hacer en el cajón, y lo peor es que tú tampoco sabes muy bien qué decirle al pobre. ¿A dónde fue su compañero? ¿Se evaporó? ¿Se escapó por la ventana sigilosamente? ¿Se lo llevó alguien? Bien, mis hijos tienen una teoría: se los lleva el Duende de los Calcetines. Que digo yo que qué hará este duende con las toneladas de calcetines que pueda tener en su escondrijo.

En fin, si alguien desvela este misterio, puede aportar alguna teoría interesante al respecto o conoce al Duende de los Calcetines, soy toda oídos. Mientras tanto, seguiré preguntándome cuál es la clave de este complejo enigma...

Canta

"Canta. Canta una vez al día por lo menos. Lo cambiará todo. No puedes mantener una mala disposición mientras cantas.
¡Canta todas las mañanas en la ducha!.
¡Canta en el coche!
Canta bajito al oído de quien amas.
Canta en voz alta en el parque.
¡Mira cómo se ilumina lo que te rodea!.
¡Mira cómo aparecen las sonrisas!
El mundo se transforma.
Cantar conecta la mente con el corazón y el corazón con la mente. De manera que canta. ¡Te reto a que lo hagas! Lo que estoy diciendo aquí es que las herramientas y los recursos con los que podemos crear la felicidad son muy sencillos, tienen una sencillez elegante. Y los tenemos delante. Estamos hablando de Dar, Observar, Escuchar, Sentir, Sonreír, Cantar. ¡Son cosas que no nos cuestan nada!"

Nealse Walsh

La fertilidad como metáfora

A continuación os transcribo unos preciosos párrafos del libro "Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer", escrito por la Dra. Christiane Northrup. Son otra perla para el despertar de nuestra conciencia.
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El aumento de la población de la Tierra se está produciendo a un ritmo que supera el de nuestros medios para sustentarla. Los seres humanos hemos sido muy listos al producir más y más alimento con menos y menos cantidad de tierra. La Unión de Científicos Preocupados escribe: «Nuestra especie sencillamente no puede sobrevivir al acelerado crecimiento demográfico, al irresponsable despilfarro de los recursos de la Tierra y la continua destrucción de nuestro medio ambiente».

Llega a su fin la época de productividad ilimitada sin reponer. Como mujeres tenemos el deber de utilizar nuestra creatividad innata, nuestro poder femenino, para regenerar nuestro planeta y también para producir la siguiente generación. Ya no podemos tener un bebé tras otro sin pensar en las consecuencias. Muchas ya no toleramos usar pañales desechables por lo que sabemos que causan en los vertederos de basura de nuestro planeta; pero también hemos de considerar el hecho de que un niño corriente de Estados Unidos usa cincuenta veces más recursos que un niño nacido en el Tercer Mundo. Pocos temas son tan polémicos como el crecimiento demográfico, y no es mi intención entrar en ese debate aquí.  

EL NIÑO INTERIOR: nuestro centro

Se ha hablado en este blog de lo masculino y sobre todo de lo femenino, de la eterna polaridad que se manifiesta constantemente en este mundo material.
 
Todo es dual en este plano de existencia, todo tiene su contrario: luz y oscuridad, masculino y femenino, yin y yang… Y así como la montaña no puede ser a la vez valle ni el valle puede ser a la vez montaña los ojos del ser humano tienden a separar sumergiéndose en este mundo donde lo real según dicen los “despiertos”, no es sino una ilusión de nuestros sentidos.
 
Pero entre los polos aparentemente opuestos siempre hay un punto central, un fiel que equilibra la balanza, ese fiel es el factor equilibrante.
 
Un yin, un yang y un centro que los une y equilibra.
 
Dicen que en el lado izquierdo del cuerpo se manifiesta lo femenino (regido por el hemisferio cerebral derecho: el creativo, el intuitivo, el artístico, el emocional) y que en el derecho se manifiesta lo masculino (regido por el hemisferio izquierdo: el analítico, el lógico, el matemático, el racional).
Y en el centro del Ser se encuentra ese lugar, esa añoranza de la inocencia, esa luz inmaculada que nos inunda de paz cuando contemplamos la sonrisa sincera, la perfección de un día soleado o simplemente el estar a gusto con nosotros mismos.
 
El centro del Ser se ilumina con la presencia de nuestro niño interior, el centro de la balanza es por tanto la inconmensurable belleza de aquella inocencia primordial que aglutina en sí mismo los contrarios y los potencia englobándolos en el Gran Misterio con envoltura de bebé.

El Manto de la Navidad

Escucha... ya está llegando... silencioso, suave como copos de nieve, trae la pureza y barre lo obsoleto, lo inservible, para dejar paso a los nuevos comienzos... es... el Manto Blanco de la Navidad.
 
¿Puedes sentirlo? Su luz acaricia ya toda la Tierra y a los hombres que en ella vivimos. Deja que caiga sobre ti, abandónate a ese misterio incomprensible de Dios que se hace niño recién nacido, que esa inocencia te empape... todo nacimiento es un comienzo, éste viene amparado por la Luz infinita de Dios.
 
Blanca Navidad, Rayo Blanco, pureza, limpieza, lo nuevo que comienza...
 
El Espíritu de la Navidad es un ángel solar que pasa derramando su Gracia la noche del 24 de diciembre y al que podemos volver los ojos y confiarle nuestros deseos. Para ello basta con abrir el corazón como lo haría un niño, dejando juicios y suspicacias mentales fuera de juego. Abrir el corazón para dejar salir la luz de su sabiduría. El corazón sabe... conecta sin florituras con la Navidad y con lo que mueve en nuestro interior de hombres y mujeres luminosos viviendo en esta Tierra de apasionadas y duras experiencias y aprendizajes. Y sabe que estos días podemos volver los ojos más fácilmente a nuestro divino niño interior y a su divina alegría, a la confianza sin más, a la mirada inocente y pura hacia todos los que nos rodean sin distinción alguna.
 
Cerrad los ojos por un instante, dejad caer ese Manto Blanco sobre vosotros, vuestros hogares, vuestras familias, dejad que caiga sobre la Tierra... aquí, ahora y siempre... ¡Feliz Navidad!